
Es oficial. El gran negocio de los discos compactos agoniza. El cierre de la gran Virgin Megastore de Union Square, en Nueva York, marca un nuevo punto de inflexión en la industria. La culpa la tendría internet
Ayer cerraba el mítico Virgin Megastore de varios pisos situado en Union Square, en Nueva York. Era el último de los 23 establecimientos que llegó a tener sólo en EE UU. Y si la macroempresa británica cerraba esa privilegiada sede, la estadounidense Tower Records hacía lo propio echando el cerrojo hace unos meses a la que aún mantenía abierta en Londres en Picadilly Circus.
La también británica HMV, según informaba ayer The New York Times, cerró sus tiendas de EE UU en 2004 y Tower Records liquidó sus 89 locales estadounidenses en 2006, entre otros muchos ejemplos del hundimiento.
El cierre de Virgin puede compararse con los de Blockbuster cuando la piratería se cebó en el cine. Además de la especialización, otra salida es la diversificación.
La culpa recae sobre internet, pero también ha afectado que algunas cadenas de supermercados, cafeterías o incluso ropa hayan empezado a comercializar discos. La música parece un complemento, pero no arrastra la suficiente demanda como para sostener un gran establecimiento: las ventas se han reducido a casi la mitad en sólo un lustro.
El modelo cambia y Virgin lo admite con hechos. Ayer mismo, cuando aún estaba caliente el cierre neoyorquino, anunciaba un pacto con Universal para una suscripción de pago para realizar descargas ilimitadas de música.
Nueva tecnología desplaza a las viejas. Y ahora el CD, parece ser de antaño.