Según especifica el Francotirador, “Silvia se sintió violada, manoseada, ultrajada, sintió que no había derecho de que difundieran su novela inédita sin su autorización y la de su editor y se pasó tres días vomitando y pensando que ya nada tenía sentido y que su sueño había terminado en una pesadilla”.
Bayly detalla que el manuscrito de Silvia pasó de mano en mano de diferentes editores. “Mesa Redonda, le había comprado la novela y se había comprometido a publicarla, ocurrió que alguno de los editores que poseía el manuscrito (pero no los derechos de difusión sobre esa novela) se lo entregó a un programa de televisión conducido por dos talentosos escritores, quienes leyeron algunos de los fragmentos más escandalosos o morbosos de la novela sin tener derecho de hacer tal cosa”, detalla.
Pese a que Silvia tiene intención de llevar a los tribunales el problema, Bayly aconsejó que no lo hagan, pues perdería mucho tiempo, además que tanto Aldo Miyashiro como Beto Ortiz, siempre hablaron en condicional al referirse a la novela.
