
Parecía un imposible. El Barça de Guardiola, el de los récords, el de los 70 goles a favor, con el casillero inmaculado de victorias fuera del Camp Nou en lo que llevamos de Liga, ha visto cómo se frenaba su imponente racha liguera en El Molinón frente al Sporting de Preciado.
El técnico del Sporting ya había avisado antes del partido que se lo iban a poner difícil al Barça. Pero como en el cuento del lobo, parecía la misma proclama que semana tras semana recita el entrenador de turno antes de ser devorado por el Barça.
No fue así en esta ocasión. El Sporting salió con las ideas clarísimas y, en un primer tiempo fantástico, consiguió hacer del Barça un equipo vulgar. Apenas tiró el Barça entre los tres palos en los primeros 45 minutos.
Y encima vio cómo el Sporting se adelantaba en el marcador con un tanto de Barral. El delantero del Sporting dejó atrás a Piqué y puso el balón raso y cruzado lejos del alcance de Valdés. Golazo y el Barça ante algo prácticamente desconido: ir por debajo en el marcador (algo que, en Liga, sólo había logrado el Hércules en lo que va de año).
Así que el plan inicial de Guardiola de rotar y guardar fuerzas para la Champions, al garete en el descanso. Pep, que esta semana estrenaba su renovación, apostó en el once por la inclusión de Mascherano, Afellay y Milito y guardar a dos de sus hombres clave: Pedro y Busquets.
Los dos campeones del mundo con España salieron tras el descanso y la situación cambió radicalmente, con un Barça que se lanzó como un poseso a por los tres puntos.
No lo consiguió, pero consiguió rescatar uno a diez minutos del final con un precioso tanto de Villa de vaselina. El Guaje no celebró el gol (tampoco lo hizo en el 1-0 de la primera vuelta), pero volvió a demostrar que no hay pero cuña que la de la misma madera.
El 1-1 final evita la segunda derrota liguera del Barça, pero abre la Liga. O al menos la abrirá si el Madrid de Mourinho gana al Espanyol en Cornellá.