
El fútbol emociona tanto que hace morir de alegría, entristece tanto que hace llorar como niño al resistente. Luego del final, partido entre el Volante y Comerciantes Unidos jugado el domingo 24 de octubre en el estadio municipal de Bambamarca, algunos jugadores del Club Volante no soportaron la derrota, agacharon la cabeza y soltaron sus lágrimas de impotencia.
Haber tenido la oportunidad de ganar hasta por tres tantos a uno los llevó a desvanecerse, unos cayeron sentados y les salió el llanto del niño que llora cuando le quitan su juguete, es decir; lloraron sin fingir; lloraron de cólera, lloraron de impotencia, otros edurecieron el rostro como alguien que pone fuerte y frunce el ceño porque no hay a quien romperle la cara.
Debe ser angustiante haberle defraudado a miles de inchas, a niños que los tenían como ídolos, a mujeres que los admiraban más que a sus maridos o novios. Sobre todo: bendito llanto, bendito Dios que hizo al hombre con la capacidad de desfogar su ira con lágrimas, benditas lágrimas que dan sabor salado a la tristeza.
No es cobarde el que llora, es valiente el que sabe llorar.