
Dicen que el amor a la camiseta sale a la luz en los momentos más difíciles. Eso quedó demostrado en un partido de fútbol alemán donde no solo eran once jugadores los que estaban en la cancha.
Uno de los jugadores se iba con todo hacia el arco rival. Remató y el arquero intentó despejar pero la pelota igual escapó. El balón iba directo al arco, era un gol fijo pero, de pronto, el aguatero del equipo no dudó en entrar a la cancha y, de un cabezazo, impedir que el rival anotara.
Como era de esperarse, todos se le fueron encima al “salvador” y el juez de línea tuvo que intervenir. Eso sí es pasión por el equipo.